La alimentación intuitiva

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la dieta intuitiva

La primera vez que oí a hablar de la alimentación intuitiva (intuitive eating) fue a través de la nutricionista Abbey Sharp en su canal de Youtube. Ella explicó que el concepto de alimentación intuitiva se remonta en 1995, cuando las nutricionistas Evelyn Tribole y Elyse Resch escribieron el libro Intuitive eating (La dieta intuitiva).

Antes de seguir debo aclarar, dado que en este blog trato temas sobre celiaquía y sensibilidad al gluten, que el libro hace referencia a las dietas que se hacen por decisión propia (para perder peso, para mejorar la alimentación…) y no entra en este ámbito la dieta sin gluten, que las personas celíacas deben seguir sí o sí por prescripción médica y por salud.

Lo que me gusta del concepto de la alimentación intuitiva es que dejamos de hacer dieta de una vez por todas y, en vez de eso, escuchamos a nuestro cuerpo. ¿Tenemos hambre emocional? ¿Comemos sin tener hambre solo porque toca? ¿Nos terminamos todo el plato porque así nos lo han enseñado aunque después estemos demasiado llenos? ¿Tenemos hambre pero no comemos porque estamos haciendo dieta? ¿Después de un período de dieta y restricciones, nos damos un atracón? No sé a ti, pero a mí todas estas cosas me han pasado y cuando empiezas a escuchar tu cuerpo te das aún más cuenta de ello.

Si te llama atención el concepto de la alimentación intuitiva, las autoras del libro explican que se basa en estos 10 pilares:

Antes de empezar, las nutricionistas dejan claro que en caso de padecer trastornos alimentarios primero se debe hacer un tratamiento con profesionales hasta que los pacientes estén bien y puedan volver a confiar en su cuerpo, y entonces ya sí que podrán aplicar los principios de la alimentación intuitiva.

1.Rechaza la mentalidad de hacer dieta. Decide que no hacer dieta nunca más en tu vida. Las nutricionistas mencionan numerosos estudios que indican que hacer dieta, en vez de ayudar a perder peso, a largo plazo hace el efecto contrario. Además, en algunos casos potencia los desordenes alimentarios.

  • El hecho de restringir ciertos alimentos durante un período de tiempo hace que, cuando terminemos la dieta o nos la saltemos un día, nos demos un atracón de esos alimentos ‘prohibidos’.
  • Además, surge el efecto ‘qué más da’ (what the hell). Cuando hacemos dieta pero comemos un alimento que nos hemos prohibido, pensamos ‘ahora ya qué más da’ y comemos más, y mucha más cantidad la que habríamos comido si no lo hubiéramos restringido.
  • Hacer dieta produce el efecto de ‘La última cena’. Es decir, el día o días antes de empezar la dieta comemos un montón de alimentos ‘prohibidos’, ya que después no los podremos comer.
  • Todo este proceso es cíclico, al iniciar y terminar dietas.

2. Honra a tu hambre. Escuchemos nuestro cuerpo y comamos cuando nos lo pida. De esa forma, estaremos satisfechos y habrá muchas menos probabilidades de que nos demos un atracón de comida.

3. Reconcíliate con los alimentos. Descartemos la idea de que ciertos alimentos son “buenos” o “malos”. Aceptemos que podemos comer los que queremos. Al principio la idea de comer sin restricciones nos puede dar miedo y podemos pensar que comeremos incontrolablemente, pero no será así, la clave está en escuchar a nuestro cuerpo.

Además, si nos escuchamos, notaremos que ciertos alimentos nos sientan mejor que otros. Por ejemplo, si comemos una pizza con salsa picante entera para cenar quizá después estaremos muy llenos y tendremos sed toda la noche. Esto nos da indicaciones que quizá debemos comer menos cantidad (hasta que estemos satisfechos, no súper llenos), y quizá debemos optar por comer pizza más pronto o bien con otros ingredientes que nos den menos sed.

4. Reta al policía de la alimentación. Di que ‘no’ a los pensamientos de tu mente que te dicen que eres “bueno” por comer cierta cantidad de calorías y “malo” porque te has comido un trozo de tarta.

5. Siente cuándo estás lleno. Escucha tu cuerpo cuando te dice que ya no tienes más hambre. Observa los signos que te muestran que estás confortablemente lleno.

La alimentación intuitiva se basa en que escuchemos nuestro cuerpo, comamos cuando tengamos hambre, comamos alimentos placenteros tanto para el paladar como para satisfacer las necesidades nutricionales de nuestro cuerpo– y dejemos de comer cuando estemos satisfechos.

6. Descubre el factor de satisfacción. Come con placer, en un entorno apetecible y siendo consciente de lo que comes.

7. Lidia con tus emociones sin usar la comida. Aprende cuándo tienes hambre emocional y lidia con tus emociones de otra forma que no sea a través de la comida.

8. Respeta a tu cuerpo. Acepta tu genética y no esperes tener el canon de belleza que establece la sociedad, que muchas veces no es realista ni saludable.

9. Ejercicio. Nota la diferencia. En vez de hacer ejercicio con el objetivo de adelgazar (por ejemplo), cambia de mentalidad y piensa en moverte más y hacer un deporte que te guste. Simplemente disfrútalo sin presiones.

10. Honra tu salud. Nutrición amable. Es importante que, una vez rechazada la mentalidad de dieta, estemos bien informados de las cualidades nutricionales de los alimentos y de los beneficios que aportan a nuestra salud para tomar decisiones savias en este sentido. Si, por ejemplo, nos apetece una tostada con mermelada, podemos preparar la mermelada en casa sin azúcar añadido o bien comprarla, y que esté igual de buena que otra que sí lleva azúcar añadido. No habrá sentimiento de privación, simplemente habremos tomado la decisión nutricionalmente más sabia y mejor para nuestra salud.

Si te ha parecido interesante el concepto de la alimentación intuitiva, puedes leer el libro mencionado y también consultar esta web.